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Por Fugazzaman

 

Miguel Mateos cumple 72 años y no hay cifra que lo encierre. Porque Mateos no envejece: se archiva en la memoria colectiva.

Es uno de esos raros casos en los que el pop dejó de ser música para convertirse en clima. Sus canciones no suenan: aparecen. En una radio vieja, en una fiesta que no terminó, en una adolescencia que vuelve sin avisar.

Fue un hacedor de hits, sí, pero sobre todo un constructor de identidad. Cada estribillo suyo es un pasaporte a los años en que todo parecía posible.

Hoy, como entonces, alcanza con darle play en este lunes pleno de calor.

 

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