Abril se va con resaca: Sabina firma la despedida
Por Fugazzaman
A lo largo de décadas y discos, Joaquín Sabina armó un universo reconocible: bares a media luz, tipos cansados y mujeres que ya no vuelven.
Sus canciones no son difíciles: son directas, callejeras, entendibles para cualquiera que haya perdido algo alguna vez.
Su protagonista es él mismo, pero exagerado: un canalla entrañable, mitad poeta, mitad sobreviviente de la noche.
Sabina convierte el dolor —ese amor que te deja tirado— en himnos que duelen y se cantan igual.
Y ahí está la clave: le da épica a lo mediocre, glamour a lo autodestructivo. Para un público bastante normal, ofrece la ilusión de vivir al límite, de tomar de más, de amar peor, de perder con estilo.
Como si cada derrota, bien contada, fuera una forma elegante de ganar.
Buen jueves y buenas canciones, siempre
