Del escándalo al mito: la extensa revancha de Astor Piazzolla
Por Fugazaman
Astor Piazzolla apareció cuando el tango empezaba a repetirse a sí mismo.
Y lo hizo como entran los problemas: sin pedir permiso.
Lo trataron de soberbio, de traidor, de hereje.
Pero mientras discutían, él ya estaba inventando otro idioma.
Su música mezclaba arrabal y conservatorio, bandoneón y vértigo, Buenos Aires y el mundo.
Las peleas fueron muchas, pero las fue ganando de a poco, nota por nota. Cuando murió, después de años duros y silenciosos, pasó lo inevitable: el mismo tango que lo había resistido empezó a celebrarlo.
Llegaron los homenajes, los discos rescatados, los imitadores. Piazzolla ya no era el problema: era la medida.
Había logrado algo raro y hermoso: que lo popular y lo erudito respiraran en la misma melodía, y que nuevas generaciones escucharan tango como si fuera un estilo recién nacido.
