“Pase, maestro”: cuarenta años de un acto de amor futbolero
Por Fugazzaman
Hay frases que no se dicen: se quedan viviendo para siempre en la memoria de una pelota.
“Pase, maestro, lo estábamos esperando”, le dijo Diego Maradona a Ricardo Enrique Bochini en aquella semifinal de México 86 contra Bélgica. Faltaban apenas unos minutos, Argentina ganaba, Diego estaba tocado por los dioses y el Mundial empezaba a parecer una promesa inevitable.
Pero en medio de su propia consagración, Maradona tuvo tiempo para mirar hacia atrás.
Para reconocer al ídolo de su infancia. Al hombre que le había enseñado, sin saberlo, que el fútbol también podía ser una forma de la poesía.
Bochini entró con una camiseta que parecía quedarle grande, pero con una historia enorme sobre la espalda.
Y Diego, que esa tarde era rey, lo recibió como se recibe a un maestro: con respeto, con gratitud, casi con reverencia.
Cuarenta años después, en pleno Mundial, aquella frase sigue sonando. Porque no habló sólo de Bochini. Habló de una manera argentina de entender el fútbol: con memoria, con belleza y con emoción.
