Viktor Frankl: cuando encontrar sentido fue la forma de sobrevivir

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Por Fugazzaman

 

En 1942, los nazis le quitaron todo a un psquiatra: su abrigo, su identidad, su libertad y casi, su vida. Le raparon la cabeza y le tatuaron un número: 119104.
Su nombre era Victor Frankl.
En el campamento encontró algo peor que el hambre o el frío: la pérdida total de sentido.
Observó que cuando un prisionero fumaba su propio cigarro, era una clara señal de que ya no esperaba nada del mañana… y casi siempre se moría poco después.
Fue entonces que recordó una frase de Nietzsche: «Quién tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo»
Ahí comenzó su rebelión silenciosa, no dejó que le robaran su actitud. Pasó por Dachau, Therensienstadt y Auschwitz.
En 1945 fue liberado, pesando unos 38-40 kilos.
Y fue entonces que recibió la noticia más dura: su padre, su madre, su esposa y su hermano, habían muerto.
Aún así escribió «El hombre en busca de sentido». Y no por fama, de hecho, pensó en publicarlo de manera anónima.
El libro recorrió el mundo
Millones de copias. Decenas de idiomas.
La biblioteca del Congreso lo nombró uno de los libros más influyentes de la historia de EE.UU.
Frankl vivió hasta 1997. Volvió a amar. Tuvo una hija, escaló montañas y hasta obtuvo su licencia de piloto a los 67 años.
Pero tal vez su mayor legado haya sido este…
Puedes perder tu dinero, tu salud, tu familia, tu libertad
Pero hay algo que nadie puede quitarte:
* La libertad de elegir tu actitud
* La libertad de decidir quién eres, incluso en el dolor.
Los nazis intentaron convertirlo en un número, él convirtió su sufrimiento en luz para millones.
No somos lo que nos pasa. Somos lo que hacemos con lo que nos pasa.
-Viktor Frankl-

 

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